Un niña abona el futuro…

Este texto lo publiqué el domingo en el Listín Diario. Para quienes no lo vieron, quisiera compartirlo.

SANTO DOMINGO.- Una niña de ojos grandes, negros, riega abono en el terreno en que—una vez más—verá crecer la caña que su padre cortará. Esa niña sueña y se indigna— sin conocer aún lo que significa la palabra indignación— porque los personajes de las novelitas rosa que le presta Víctor, un dominicano de “pura cepa” que hasta zapatos tiene, viven vidas fantásticas que ella sólo puede imaginarse. Cuando esa niña nació en 1948, los sueños no eran abonados en los bateyes como Bermejo. Pero Inoelia Remy Yantiel se atrevió a cultivarlos.

El 17 de abril de 1998, cincuenta años después de que Silvia Yantiel y Elías Miguel Remy la trajeron al mundo, la menor de siete se hizo abogada. El diploma cuelga en una pared principal de su despacho en la Asociación Pro-desarrollo de la Mujer y Medio Ambiente, inc., institución que dirige desde su fundación en 1994 y que ha llevado agua y pequeños negocios de cría de cerdos y conejos a su comunidad de origen. La vida en el batey no fue fácil, recuerda Remy.

La veían como un ser extraño, ensimismada en lecturas del Reader’s Digest, abriendo más aún sus grandes ojos para aprender sobre un tal Perón en un lugar llamado Argentina, o sobre una rubia Marilyn Monroe de un idílico Hollywood. “Nono”, como la conocían en su casa, se hundía en esas páginas y olvidaba aprender la receta del pan casero, ante el reproche de las mujeres del barracón. “Pero mamá me defendía. Les decía: ‘Nono conoce punta de lápiz’”, para que la dejaran tranquila.

Leer revistas parecía un pasatiempo fuera de lugar en un batey. Cuando los trabajadores recibían la paga, aquellos papelitos de colores eran canjeados, y vendedores llegaban de todas partes. Vendían revistas usadas, que servían para decorar las paredes de los barracones.

“Así conseguí mi primera Reader’s Digest. Mi hermano consiguió que se la dieran de ‘ñapa’, porque las páginas eran muy pequeñas como para decorar y nadie las compraba”, cuenta Remy.

Mientras la pequeña “Nono” construía un universo en su cabeza, el mundo de la caña a su alrededor le daba baños fríos de realidad.

“En el batey la gente está añorando irse. Son seis meses de trabajo y otros seis de puro sobrevivir”, dice la hoy abogada, y aún se estremece. “En 1959, nos dividieron en barracones diferentes. A los haitianos de un lado—y con ellos a sus hijos—y a los dominicanos ‘de pura cepa’ del otro. Teníamos mucho miedo, pues pensábamos que nos iban a matar, como en el 37”.

La vida fuera del batey

En 1966, “Nono” dejó de ser “Nono”. Aquí, en el mundo de afuera, Inoelia Remy Yantiel, dominicana de ascendencia haitiana, pasó “las mil y una”, según cuenta.

Se fue a vivir con una amiga, la hija del jefe de tiro del batey, quien había logrado salir al casarse con un hombre “que le hizo un ranchito en Gualey”. Su origen y el color de su piel fueron motivo de burla más de una vez.

La mayoría de los inmigrantes haitianos, un 71%, manifestó, sin embargo, no haber sido ofendido por dominicanos debido a su origen, según la Encuesta sobre inmigrantes haitianos en República Dominicana (OIM y Flacso, 2004). El activismo comunitario, la participación en sindicatos y grupos de izquierda como la Unión General de Trabajadores Dominicanos (UGTD) y el PACOREDO, la ayudaron a encontrar su lugar fuera del batey.

La pequeña niña que regaba abono con sus hermanos, no negocia su terruño. En Haití le dicen dominicana y en República Dominicana le dicen haitiana. Inoelia Remy Yantiel, al igual que los cerca de 250 mil hijos e hijas de haitianos que la OIM y Flacso estiman hay en República Dominicana, vive en una especie de tierra de nadie.

Pero ella asegura que su corazón está en este lado de la isla, sin renegar de sus orígenes. “Cierren los ojos y piensen que no tienen casa, que alguien les dice que ustedes no son lo que son, que no son de donde son. Nadie puede decirme que no soy de donde nací, de donde aprendí el Quisqueyanos valientes… nadie ama este país como yo”, dice, emocionada, Inoelia Remy Yantiel, domínico- haitiana.

~ por mariasoldevila en Abril 16, 2007.

2 comentarios to “Un niña abona el futuro…”

  1. Oportuno texto. Esperamos que testimonios como este puedan ir derribando prejuicios, a partir de conocer la valia de quienes integran la comunidad dominicana descendiente de haitianos y dominico-haitianos.

    Fonchi

  2. Un patriota: un idiota. Cada vez estoy más convencido.

    Nada que hacer hasta que los docentes y los libros de texto destierren de sus discursos y páginas que el haitiano es malo. Nada que hacer que la cabeza de a Iglesia católica en el país siga pensando y diciendo –que yo se lo oí- que es dominicano antes que sacerdote y siga crucificando a los Rucquoy de turno dejando a sus ovejas más negras de color desamparadas. Nada que hacer hasta que los políticos…perdón, por ahí mejor no sigo.
    Educación, educación y educación…y a lo mejor algo va cambiando. No conozco país que conozca menos de su país vecino. Hasta los españoles sabemos más (poco más, no se crean) de Francia y Portugal.
    O si no preguntemos al primero que pase si nos puede decir más de dos ciudades de Haití. O quién ha gobernado alguna vez allí .
    Una vez hice estas dos preguntas en un test de “actualidad” a mis 14 alumnos de comunicación social de la UCSD:
    Nómbrame todas las ciudades de Haití que conozcas: 12 respondieron Puerto Príncipe únicamente, uno de ellos (ella era), la más espabilada e hija de un querido colega del periódico Hoy, me añadió Cabo Haitiano y Juana Méndez, otro me puso junto a la capital, Gonaïves y Jimaní.
    La segunda pregunta era: Nómbrame a dos gobernantes que haya tenido Haití en su historia: Todos respondieron Aristide (sólo uno anteponiendo su Jean Bertrand de rigor), cuatro o cinco, no recuerdo, añadieron al que gobernaba entonces: Preval (el René de pila se lo comieron todos menos la espabilada), y sólo uno (la misma) hizo mención a los Duvalier y sus 30 años de terror: Papi Dog, subrayó.

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